Apps de adultos en manos de niños.
Contacto abierto a través del número de móvil, un modelo de negocio basado en publicidad y funciones que ninguna clase de primaria necesita.
En desarrollo · Buscamos centros piloto
El grupo de clase de los niños. El centro marca el marco, las familias mantienen el control. Sin coste para las familias.
Ping es un mensajero para niños de 6 a 12 años: solo contactos autorizados, sin perfiles públicos, sin número de móvil para el niño, sin publicidad y sin venta de datos. Ping ya está disponible en iOS y Android y lo usan familias a diario. Ahora estamos construyendo Ping para colegios junto con los primeros centros: un panel web para gestionar clases, funciones configurables por clase y una licencia que hace que Ping no cueste nada a las familias que participan.
Antes o después aparece: el grupo donde quedan para el parque, preguntan por los deberes y organizan los cumpleaños. Casi siempre en una app que nunca se pensó para niños de nueve años. Nadie la eligió entre todos. Simplemente acabó siendo esa.
Contacto abierto a través del número de móvil, un modelo de negocio basado en publicidad y funciones que ninguna clase de primaria necesita.
Sin número no hay grupo, y sin grupo no te enteras del plan de la tarde. No es una cuestión de privacidad, es una cuestión de inclusión.
Lo que pasa por la noche en el grupo acaba entrando al día siguiente en el aula.
Las plataformas oficiales cubren la comunicación del centro con las familias, pero el grupo privado que crean los niños queda fuera de ellas. Las dudas, en cambio, llegan igualmente a la reunión de principio de curso y al despacho de dirección: qué aplicación están usando, qué datos recoge, quién puede entrar y qué pasa cuando hay un problema.
Ping no sustituye a la plataforma del centro. Es lo que le falta al grupo de clase: un espacio cerrado para los niños, que abre el colegio y autorizan las familias, diseñado para que el centro pueda evaluarlo con respuestas claras sobre qué datos se tratan, dónde se alojan, quién accede a ellos y qué medidas los protegen.
Un docente o alguien del equipo administrativo crea la clase desde el navegador y genera las invitaciones para las familias. En el lado del centro no hace falta instalar ninguna app.
Una madre, un padre o un tutor legal acepta la invitación, configura la cuenta familiar y añade a su hijo. Antes de ese paso no existe ninguna cuenta del niño en Ping.
Habla con los compañeros cuyas familias también han entrado, y además con los contactos que añada su propia familia: la abuela, un primo, una amiga del club. Una app, una cuenta, para la clase y para casa.
El centro decide qué funciones están disponibles en cada clase, por ejemplo fotos, notas de voz, chats de grupo u hora de descanso. Cada familia puede restringirlas aún más para su hijo, pero no activar algo que el centro haya desactivado.
Un mismo principio recorre todo el producto.
Puede: Decidir quién forma parte de la clase. Decidir qué funciones están disponibles en ella. Ver qué familias se han unido y cuáles no.
Puede: Decidir con quién habla su hijo más allá de la clase. Restringir funciones. Bloquear un contacto concreto. Dar de baja a su hijo cuando quiera.
Puede: Leer las conversaciones privadas de los niños.
Dos consecuencias que conviene decir en voz alta.
El centro ve la clase y solo la clase. Un docente no ve que un niño habla también con su primo, con su entrenadora de natación o con una amiga de otro colegio. El círculo personal de la familia no aparece en el panel.
La pertenencia a la clase la decide el centro, así que no es un interruptor en los ajustes familiares. Una familia que no quiere participar puede dar de baja a su hijo. Y una familia que está lidiando con un compañero concreto puede bloquear ese contacto sin que nadie tenga que salir de la clase.
La siguiente pregunta del equipo directivo es la correcta: ¿y si algo va mal?
Ping no la responde dando al profesorado una ventana a las conversaciones privadas. La responde antes. Los niños solo pueden llegar a personas que están dentro de conexiones autorizadas, no hay buscador de usuarios y no existe forma de que aparezca alguien desconocido. Cada conversación ocurre dentro de un círculo que un adulto ya ha autorizado.
Si aun así pasa algo, los niños pueden bloquear y denunciar desde la app. Los avisos llegan primero a su propia familia y pueden escalarse a nosotros, donde una cuenta puede quedar restringida. Cuándo debería intervenir también el centro en un incidente de su clase es una de las cosas que estamos definiendo con los primeros colegios: vigilar cada chat no es la respuesta, y dejar al centro a ciegas tampoco.
Seguridad sin desconocidos. Privacidad sin vigilancia.
Ping lo desarrolla SafeCircles GmbH en Alemania. La privacidad no se añadió al final: forma parte de cómo está construido Ping desde el principio.
Los niños no necesitan número de móvil, ni correo electrónico, ni contraseña. No hay perfiles públicos ni búsqueda de usuarios.
Una invitación del centro es solo una invitación. Hasta que la familia la acepta y configura la cuenta, no hay cuenta del niño.
Sin redes publicitarias, sin rastreo con fines publicitarios, sin venta de datos personales y sin perfiles publicitarios. Ping se financia únicamente con suscripciones y licencias.
Las cuentas, los mensajes y los archivos se alojan en servidores en Alemania. Los proveedores que intervienen están detallados en nuestra documentación de privacidad.
Proporcionamos lo que un colegio necesita para evaluar Ping: datos tratados, flujos de datos, proveedores, alojamiento, conservación y borrado, medidas técnicas y organizativas, y los acuerdos de tratamiento que correspondan según el reparto de responsabilidades del servicio. Tu delegado o delegada de protección de datos puede trabajar con eso.
Mientras un niño forme parte de una clase participante, su cuenta está cubierta por la licencia del centro. La familia no paga nada, no ve publicidad y no tiene nada que comprar. También están cubiertos los contactos que añada la propia familia, así que los abuelos entran en la licencia.
Si una familia deja la clase, o la licencia termina, no se borra nada. La cuenta, los contactos y los mensajes son de la familia, que decide entonces si quiere continuar con el Plan Familiar habitual. Los hermanos que no estén en una clase participante se cubren con el Plan Familiar como siempre.
El precio de la licencia lo fijamos junto con los primeros colegios, en lugar de publicar una cifra que luego tendríamos que corregir. Dinos el tamaño de tu centro y te damos una respuesta clara.
Estamos desarrollando Ping para colegios con un grupo pequeño de centros, y son ellos quienes deciden los puntos abiertos. Entre otros: cómo deberían funcionar los avisos de seguridad entre la familia y el centro, qué debería pasar al cambiar de clase o de colegio, y con qué sistemas del centro tiene que convivir Ping en el día a día.
Dinos qué te importa más y construimos en ese orden.
Empezamos con un grupo pequeño de centros. Cuéntanos brevemente cómo es el tuyo y te respondemos personalmente.
¿Diriges actividades extraescolares, una ludoteca, un club deportivo, un grupo scout o una escuela de música? Nos interesa igual.